Un viaje entre naturaleza e historia: Felanitx

El sureste de Mallorca es un viaje entre naturaleza e historia. La naturaleza del campo y de las reservas naturales, de las calitas y de las playas caribeñas. La historia antiquísima guardada entre las paredes de navetas y cuevas de época talayótica. En el interior se halla Felanitx, del latín “el lugar en el que se produce mucho heno”, un municipio cruzado por griegos, romanos, cartagineses y árabes, como demuestran las huellas todavía visibles de estas poblaciones. Remontándonos hasta el siglo XIX descubrimos una Felanitx en el apogeo de su desarrollo económico, tercer centro económico de la isla, aspecto que la hace merecedora de la conexión ferroviaria con la capital y de una central eléctrica. En Felanitx había muchísimas viñas, y el tren era muy importante para transportar las uvas a los alrededores. Este lugar bucólico presume de alturas como son San Salvador (509 m) y el Castillo de Santueri (408 m) que merecen la pena explorar.

En este contexto natural, Sa Posada d’Aumallia, típica casa señorial mallorquina, reformada y renovada para recibir huéspedes de todo el mundo. Un hotel rústico con encanto, caracterizado por la abundante presencia de madera y cerámica en sus materiales. Catorce habitaciones con todo tipo de confort, repartidas entre standard, superior y suite, para unas vacaciones de ensueño. La piscina en el jardín, el salón con piano, los zumos de naranja recién exprimidos, pequeños detalles que regalan momentos de puro relax. Desayunar al aire libre y disfrutar de comidas preparadas con los productos de su propia huerta son pequeños vicios que hay que concederse durante la estancia en Sa Posada d’Aumallia. Para los amantes del “Green”, el hotel garantiza convenios especiales con clubes de golf de la zona. Para los aficionados a las dos ruedas, no faltan rutas para mountain bike con diferentes niveles de dificultades, igual que para la práctica del senderismo.

A menos de 15 km de la Posada, se encuentran las imprescindibles Cuevas del Drach: a 25 m bajo tierra y con una longitud de unos 2400 m. En ellas, el viajero se sorprenderá con un impresionante espectáculo natural, el Lago Martel (177 m x 30 m). Pero eso no es todo porque, a parte de ser navegable, en él se organizan a diario conciertos de música clásica en vivo. Escuchar a Chopin y Offenbach a más de 20 m bajo tierra no es algo que se pueda experimentar a menudo.

Portocolom es otra de las etapas obligadas, con cena (o al menos) aperitivo en el puerto. Para un día de playa, Cala Mitjana, Cala Serena y Cala Ferrera son todas geniales.

Aparte del confort, la calidad del establecimiento y de su ubicación, es gracias a la hospitalidad y al cuidado especial ofrecido a sus huéspedes, que las vacaciones en Sa Posada d’Aumallia son únicas.